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    miércoles, 25 de agosto de 2010

    London - dia 2

    El segundo dia decidimos peinar las zonas de la City, Bloomsbury y Fitzrovia. Éstas dos últimas zonas, junto con el Soho, Marylebone, Myfair y Covent Garden forman el "West End", que es en realidad el centro del Londres moderno. Bloomsbury, sede del Museo Británico y hogar de los círculos literarios londinenses, es como un oasis, igual que Marylebone, un destino hoy visitado por su gastronomia e interiorismo. Shoreditch le ha tomado el testigo al Soho como centro nocturno, y en Mayfair están los mejores hoteles de la ciudad.


    Por supuesto no se puede dejar de visitar the Tower Bridge, y el City Hall









     En el mercado de Spitafields abundan los puestos de ropa, nueva y de segunda mano. Yo me enamoré de los vestidos románticos y los bolsos de cuero.



    El impresionante edificio Loyd's, de Richard Rogers con sus ascensores al aire.






     Para descansar, nada mejor que un batido y unas frambuesas en las escaleras de St Paul's Cathedral


    Londres está repleto de sitios increíbles que la mayoria de las veces no salen ni en las guías y nadie las visita. Es el caso por ejemplo del Barbican Centre. Se trata de un conjunto de tres torres con más de 40 plantas, sietebloques aterrazados una torre de siete plantas, una iglesia, dos escuelas y el complejo artístico del Barbican Centre. Los arquitectos se inspiraron en Frank Lloyd Wright y Le Corbusier, pero crearon algo único. Aunque antaño el Barbican estaba perdido en una parte olvidada de la ciudad, ahora ocupa el corazón de la zona este.


    Y otro de los lugares menos conocidos es la casa-museo de Sir John Soane. Se trata de varias viviendas adosadas que el arquitecto Soane compró sucesivamente y en las que creó un pequeño museo donde guardar las miles de antiguedades que él mismo coleccionaba. En su interior, un intrincado laberinto de pasillos y estancias interconectadas albergan desde un sarcófago hasta cuadros pasando por columnas y pedazos de frisos de templos griegos y romanos. La visita es gratuíta y merece la pena aunque solo sea por ver por dentro la casa, en la que muchas estancias deslumbran por su iluminación cenital, mediante una serie casi azarosa de cúpulas y aperturas en el techo cubiertas por vidrios de colores.




    El Museo Británico merece la pena la visita aunque solo sea por visitar su espectacular Hall. EL entramado de la cubierta de vidrio resulta hipnótica y la blancura y la luz que hay en el interior sorprende nada más entrar.

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